Columnas de opinión
Cada lunes una columna sobre el futuro que ya empezó: vigilancia, algoritmos, poder y resistencia humana. Por Rolando Fryderup, escritor chileno desde Pucón.
R. F. Krause
Viste todo. Pero hablar es morir.
Tu nombre fue eliminado de todos los registros. Legalmente, no existes.
Hay canciones que no puedes cantar en público. En Chile, durante la dictadura, la canción «El pueblo unido jamás será vencido» de Quilapayún fue prohibida.
Hablar tu idioma es un delito. Tu cultura no existe en los libros oficiales.
Entraste al museo y no había nada. Solo la versión autorizada del pasado, pulida y desinfectada, sin sangre, sin nombres, sin grietas.
En 1940, Nikolái Yezhov, el jefe de la NKVD que había dirigido el Gran Terror estalinista, cayó en desgracia y fue ejecutado.
Cada año, un capítulo cambia. En 2020, Hungría eliminó de sus libros de texto la República Popular Húngara y la revolución de 1956, reescribiendo décadas de historia en un solo decreto.
Tu abuelo vivió algo terrible. Nunca lo contó.
En 2020, las protestas antirracistas en Estados Unidos derribaron estatuas de generales confederados con cuerdas y gratitud colectiva.
El 11 de septiembre de 1973, mientras La Moneda ardía, otros fuegos menos televisados consumían los archivos de sindicatos, universidades y organizaciones sociales en todo Chile.