Poder
Tu nombre en una lista
Imagina que tu gobierno elabora una lista de personas peligrosas. No terroristas, no criminales, no sospechosos de delito alguno.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
# Tu nombre en una lista
Imagina que tu gobierno elabora una lista de personas peligrosas. No terroristas, no criminales, no sospechosos de delito alguno. Simplemente personas cuya ideología, actividad o perfil representa un «riesgo» para el orden establecido. ¿Tu nombre estaría en esa lista? Si alguna vez firmaste una petición, participaste en una marcha, publicaste una opinión crítica o donaste a una causa disidente, la respuesta podría ser sí. Y lo más probable es que nunca lo sepas.
Las listas de vigilancia existen y se multiplican. En China, el sistema de crédito social asigna puntuaciones a los ciudadanos basadas en su comportamiento, incluyendo sus opiniones en línea y sus asociaciones. Una puntuación baja puede impedirte viajar, conseguir empleo o acceder a servicios. En Rusia, el registro de «agentes extranjeros» incluye a periodistas, ONG y activistas que reciben fondos del exterior o simplemente expresan opiniones críticas. Estar en la lista significa ser marcado: tu teléfono es vigilado, tu correo revisado, tus movimientos rastreados. En Estados Unidos, las revelaciones de Edward Snowden demostraron que la NSA recopilaba datos masivos de ciudadanos sin orden judicial.
Pero las listas no necesitan ser estatales para ser peligrosas. En México, los periódicos han publicado listas de activistas que luego fueron atacados. En Colombia, bases de datos de militares contenían nombres de líderes sociales que terminaron asesinados. En Hungría, el gobierno de Orbán publicó los datos de ONG financiadas con fondos extranjeros, exponiéndolas a acoso público. La lista no es solo un instrumento de vigilancia: es una herramienta de estigmatización. Una vez que tu nombre está ahí, deja de ser un ciudadano para convertirse en un sospechoso.
Como escritor de distopías, las listas me fascinan y me aterran. En mis ficciones, el régimen clasifica a los ciudadanos por colores, por números, por categorías. Pero la realidad siempre me gana. Los algoritmos de inteligencia artificial pueden hoy predecir tu orientación política, tus tendencias de salud mental, tu propensión a la disidencia, todo a partir de tus datos digitales. No necesitas estar en una lista escrita: estás en cientos de listas algorítmicas que se cruzan y se alimentan entre sí. El panóptico digital no te observa desde una torre: te observa desde tu propio teléfono.
La pregunta con la que cierro cada columna de esta sección es la misma: ¿cuándo cruzamos la línea? ¿Cuándo la vigilancia dejó de ser seguridad y se convirtió en control? Mi miedo no es que me pongan en una lista: es que ya esté en una y no lo sepa. Es que la lista sea tan invisible, tan integrada en la normalidad digital, que ni siquiera la reconozcamos como lo que es.
Un instrumento de poder. Un catálogo de almas. Un recordatorio de que, en el siglo XXI, la libertad no se pierde de golpe: se pierde dato a dato. Y cada dato que entregamos sin pensar, cada huella digital que dejamos sin cuestionar, cada permiso que aceptamos sin leer, alimenta la lista que quizás ya lleva nuestro nombre. La única defensa que nos queda es la conciencia: saber que la lista existe, que puede incluirnos y que el primer acto de resistencia es negarse a ser definido por ella.
Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile