Tecnología
Tu jefe es un algoritmo
En los almacenes de Amazon, un algoritmo decide cuánto debes empaquetar por hora, cuándo puedes ir al baño y si tu rendimiento justifica que sigas empleado.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
# Tu jefe es un algoritmo
En los almacenes de Amazon, un algoritmo decide cuánto debes empaquetar por hora, cuándo puedes ir al baño y si tu rendimiento justifica que sigas empleado. No hay un supervisor humano con quien hablar, no hay apelación, no hay mirada que encontrar. El sistema genera un número y ese número es tu destino. Según una investigación de The Verge en 2021, Amazon despidió automáticamente a miles de trabajadores por «ineficiencia» sin intervención humana alguna. Tu jefe no tiene rostro. Tu jefe es una línea de código que no sabe tu nombre.
Uber, DoorDash y las plataformas de economía gig operan con la misma lógica. El algoritmo asigna los turnos, calcula las tarifas y penaliza a quienes rechazan viajes. No importa si estás enfermo, si hay tráfico o si el cliente te trató mal: el sistema no procesa contexto, solo métricas. Un estudio de la Universidad de Oxford reveló que los trabajadores de plataformas están sujetos a niveles de control comparables a los de la fábrica fordista más brutal, pero sin la protección de un sindicato, sin un contrato, sin un interlocutor. La flexibilidad que prometió la economía gig resultó ser la precariedad con interfaz amigable.
Lo más perturbador es la opacidad. Cuando un humano te despide, puedes pedir explicaciones, argumentar, apelar. Cuando un algoritmo te despide, la respuesta es «el sistema lo decidió». En España, la ley Riders intentó regular la transparencia algorítmica en plataformas de reparto, pero su implementación ha sido lenta y las empresas han encontrado resquicios legales. En el resto del mundo, la mayoría de los trabajadores ni siquiera saben qué variables evalúa el algoritmo que gobierna su jornada laboral.
Como escritor de distopías, esto me produce un déjà vu literario. En Player Piano, de Kurt Vonnegut, una máquina decide quién trabaja y quién es inútil. En Metropolis, de Fritz Lang, la ciudad es gobernada desde una sala de máquinas donde los humanos son engranajes reemplazables. Lo que la ficción imaginó como tiranía futurista, la industria tecnológica lo ha implementado como modelo de negocio. La diferencia es que Vonnegut y Lang creían que alguien lideraría la rebelión. En la realidad, es difícil rebelarse contra un jefe que no existe.
La pregunta que debiéramos hacernos es quién programa al programador. Detrás de cada algoritmo de gestión hay un conjunto de decisiones humanas disfrazadas de objetividad matemática. El algoritmo no es neutral: optimiza lo que sus creadores quieren que optimice, que suele ser rentabilidad, no dignidad. Si no exigimos transparencia, derecho a apelación y supervisión humana en las decisiones algorítmicas, terminaremos trabajando para máquinas que no saben que somos personas.
Desde Pucón, donde escribo entre volcanes y lagos, observo cómo la lógica algorítmica avanza sin freno. No se trata de ser ludita: la tecnología puede mejorar las condiciones laborales. Pero cuando la herramienta se convierte en amo, cuando el código reemplaza al juicio y la eficiencia devora la compasión, estamos construyendo un mundo donde el trabajador no es una persona sino un dato que el sistema evalúa, clasifica y, si no cumple, elimina.
Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile