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Política

Noticias que fabrican odio

Rolando Fryderup · 15 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

¿Quién decide qué ves cuando abres tu teléfono? No tú.

Rolando Fryderup Krause

Escritor · Pucón, Chile

# Noticias que fabrican odio

¿Quién decide qué ves cuando abres tu teléfono? No tú. El algoritmo. Y el algoritmo no muestra información: muestra lo que te hace reaccionar. Rabia, indignación, miedo: esas son las emociones que generan más clics, más tiempo en pantalla, más ingresos publicitarios. Un estudio de la Universidad de Cambridge demostró que las noticias falsas que generan indignación se comparten un setenta por ciento más que las noticias verificadas que generan reflexión. El algoritmo no tiene opiniones: tiene objetivos. Y su objetivo es que no dejes de mirar.

La optimización algorítmica para engagement ha transformado la información en un producto diseñado para adicción. Las plataformas de redes sociales no son periódicos: son motores de atención que seleccionan, amplifican y distorsionan el contenido según su capacidad de generar reacción. Si un artículo verificado sobre política fiscal genera mil interacciones y un meme xenófobo genera cien mil, el algoritmo no duda: el meme gana. Y con él gana la simplificación, la polarización y el odio. No porque el algoritmo odie, sino porque el odio vende.

El resultado es una radicalización progresiva e invisible. Cuando el algoritmo detecta que interactúas con contenido ideológicamente marcado, te alimenta con contenido cada vez más extremo del mismo signo. Es el llamado «efecto túnel» o «burbuja de filtro», pero sería más preciso llamarlo «efecto espiral»: no solo te aísla de opiniones contrarias, sino que empuja las tuyas hacia los extremos. Personas moderadas se radicalizan en meses sin darse cuenta, porque cada nuevo contenido parece ligeramente más razonable que el anterior, en comparación con el que ya consumen.

Como chileno, vi esto en tiempo real durante el estallido social y durante las campañas del plebiscito constitucional. Las noticias verdaderas competían con cientos de titulares falsos o engañosos que circulaban por WhatsApp, Facebook y Twitter. La desinformación no era casual: era fabricada. Cuentas coordinadas difundían narrativas diseñadas para generar odio hacia el adversario político, fuera este de izquierda o de derecha. Y la audiencia, atrapada en sus espirales algorítmicas, creía cada palabra. No porque fuera estúpida, sino porque el diseño de la plataforma hacía que creer fuera más fácil que dudar.

Las noticias que fabrican odio no son un efecto secundario no deseado: son el producto de un modelo de negocio. Mientras la rentabilidad de las plataformas dependa de la atención, y la atención se capture con la emoción más barata y más potente, el odio seguirá siendo el combustible del ecosistema informativo. No necesitamos más información: necesitamos información mejor diseñada, plataformas con otros incentivos, ciudadanos con herramientas críticas.

El algoritmo no es neutral: es un editor invisible que decide qué mundo vemos y qué mundo ignoramos. Y a diferencia de un editor de periódico, no responde a ningún código ético, no tiene obligación de equilibrio y no rinde cuentas ante sus lectores. El primer paso para desarmar la fábrica de odio es comprender que existe, que tiene dueños y que sus intereses no son los nuestros. El segundo paso es negarle la atención que devora. Cada clic consciente que resistimos es un grano de arena en la maquinaria. Y los granos de arena, cuando se acumulan, pueden paralizar cualquier engranaje.

Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile

#desinformacion #medios #verdad