Sociedad
La vacuna obligatoria
En enero de 2022, Austria aprobó una ley que hacía obligatoria la vacunación contra el covid para todos los mayores de dieciocho años.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
# La vacuna obligatoria
En enero de 2022, Austria aprobó una ley que hacía obligatoria la vacunación contra el covid para todos los mayores de dieciocho años. Quienes no cumplieran enfrentaban multas de hasta 3.600 euros. La ley fue la primera de su tipo en Europa, y aunque nunca se aplicó plenamente y fue derogada meses después, abrió una grieta en uno de los principios más arraigados del derecho médico: la autonomía corporal. Tu cuerpo, que siempre fue tuyo, pasó a ser negociable en nombre de la salud pública.
El debate sobre la obligatoriedad vacunal no es nuevo. Las vacunas contra la polio, el sarampión y la difteria son obligatorias en decenas de países para los escolares, y la obligatoriedad ha sido clave para erradicar enfermedades. Pero la vacuna del covid fue diferente: se desarrolló en tiempo récord, se autorizó con emergencia y se implementó con una urgencia que dejó poco espacio para la deliberación. Para muchos, la duda no era anticientífica sino legítima: ¿puede el Estado obligarte a inyectarte algo en el cuerpo contra tu voluntad?
La pregunta no es sencilla. La salud pública depende de la inmunidad colectiva, y la inmunidad colectiva depende de que la mayoría se vacune. Cuando la vacunación cae por debajo del umbral necesario, las enfermedades resurgen y los más vulnerables, los que no pueden vacunarse por razones médicas, son los primeros en sufrir. Pero incluso reconociendo esto, la obligatoriedad estatal plantea un problema de principios: si el Estado puede obligarte a recibir una inyección, ¿dónde está el límite? ¿Puede obligarte a recibir un tratamiento experimental? ¿Puede obligarte a donar un órgano?
Como escritor de distopías, pienso en las distopías médicas donde el cuerpo no es tuyo. En Un mundo feliz, los ciudadanos son fabricados y condicionados biológicamente. En The Unit, de Ninni Holmqvist, las personas «dispensables» son recluidas para experimentación médica. La obligatoriedad vacunal está lejos de esas ficciones, pero comparte una premisa inquietante: el cuerpo como territorio negociable entre el individuo y el Estado. Y una vez que aceptas que el Estado puede decidir qué entra en tu cuerpo, aceptas que tu soberanía corporal tiene excepciones.
Lo que la pandemia reveló es la tensión irreconciliable entre la libertad individual y la responsabilidad colectiva. No hay respuesta fácil, y quien pretenda que la hay está mintiendo. Pero la respuesta más peligrosa es la que no se cuestiona: la que impone la obligatoriedad sin debate, sin matices y sin mecanismos de excepción. La salud pública necesita vacunas, pero también necesita confianza. Y la confianza no se construye con multas: se construye con transparencia, con diálogo y con respeto por la autonomía de quien debe decidir sobre su propio cuerpo.
Desde Pucón, donde la vacunación fue masiva pero voluntaria, escribo para defender el derecho a la duda legítima. No a la desinformación, no al negacionismo, sino a la pregunta que todo ciudadano debiera poder hacerse sin ser estigmatizado: ¿puedo decidir sobre mi cuerpo? La respuesta, en una democracia, debiera ser sí, con la responsabilidad que implica. Obligar puede ser eficaz, pero nunca será libre. Y la salud sin libertad es otra forma de enfermedad.
Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile