Territorio
La señora muerte nos tocará el patio.
La batalla por el fin del mundo.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
Hoy vemos las guerras como meros espectadores. Las vemos en el celular. Ucrania, Gaza, Sudán. Le ponemos volumen, nos indignamos dos minutos, hacemos scroll. Son guerras de otros. De gente que habla otro idioma, en otro desierto, en otro invierno.
Muy pronto la señora Muerte no va a estar en la pantalla. Nos va a tocar el patio de la casa.
Porque la guerra por la Antártica ya no es un cuento que asusta a los niños. Hoy preocupa a los adultos que saben leer mapas.
Nos contaron que la Antártida era de todos y de nadie. Que el Tratado Antártico la declaró continente de paz y ciencia. Que se prohibía toda actividad militar. Eso cumplió 65 años en junio. 65 años fingiendo que el fin del mundo no le importa a nadie.
Fingimos bien, hasta ahora.
Hoy Rusia hace prospecciones sísmicas de petróleo y gas en el mar austral usando barcos que salen de Ciudad del Cabo. China y Rusia bloquean juntas, todos los años, la creación de santuarios marinos. No quieren que protejamos cuatro millones de kilómetros cuadrados de océano. Quieren que siga abierto para pescar kril hasta que no quede nada que coman las ballenas y los pingüinos.
Y aquí, en nuestro patio. Argentina anuncia base naval en Tierra del Fuego para ser polo logístico central del Atlántico Sur y controlar el Estrecho de Magallanes y su proyección antártica. El ministro argentino dice que quiere disputarle a Punta Arenas su papel como puerta a la Antártida.
Chile responde alineando a su Armada, con el rompehielos Almirante Viel como pieza central, y firmando con Noruega acuerdos para proteger la Antártica como reserva de paz.
¿Te das cuenta? Ya no estamos hablando de pingüinos. Estamos hablando del control del Atlántico Sur.
Nos enseñaron que la Tercera Guerra Mundial iba a ser por petróleo en Oriente Medio. No. Va a ser por agua dulce, por kril, por rutas marítimas que se abren porque el hielo se derrite y por minerales que están bajo un hielo que ya no es eterno.
El tratado dice que no se puede reclamar soberanía nueva. Pero todos se están posicionando como si el tratado fuera a durar lo que dura un contrato de arriendo.
Los ingleses tienen base permanente en Malvinas. Los chinos tienen cinco bases y quieren la sexta. Los rusos tienen plan antártico hasta el 2030. Los chilenos y argentinos, que tenemos la Antártica a tres horas en avión desde Punta Arenas, miramos como si fuera un tema de cancillería.
No es cancillería. Es el patio.
Cuando se acabe el Tratado, que no es eterno, cuando el mundo decida que necesita lo que hay abajo, la guerra no va a ser en Kiev. Va a ser en el Drake.
Hoy vemos la muerte en Instagram.
Mañana la vamos a ver desde la ventana de la cocina, bajando por el sur, con bandera extranjera y con hambre de lo último limpio que queda en este planeta.
Y ahí ya no vamos a poder hacer scroll.