Distopía
La señal en la pared
Un símbolo pintado de noche, con spray, en un muro gris. Mañana lo borran.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
# La señal en la pared
Un símbolo pintado de noche, con spray, en un muro gris. Mañana lo borran. Pero alguien lo vio. Y eso basta. En la Santiago de los años ochenta, las arpilleristas cosían escenas de represión en telas que sacaban del país dentro de canastas y maletas. No eran grandes obras públicas: eran pequeñas, frágiles, hechas con retazos. Pero cada arpillería era una señal en la pared, un testimonio que decía: esto está pasando, no lo olviden, no dejen que lo nieguen. El régimen no podía confiscar lo que ya había sido visto por ojos extranjeros.
El arte callejero como resistencia tiene una larga tradición. En el Muro de Berlín, los grafitis del lado occidental convertían la barrera en lienzo de libertad. En Belfast, los murales republicanos y lealistas cuentan historias de lucha que las autoridades preferirían borrar. En Cisjordania, los artistas pintan en el muro de separación convirtiendo el símbolo de la opresión en pantalla de la denuncia. Banksy ha pintado allí, pero también lo hacen artistas locales cuyos nombres no conocemos. Sus obras son efímeras por necesidad: la pintura se borra, el muro se repinta, la señal desaparece. Pero la imagen ya quedó en alguien, y esa persona la lleva adentro como una semilla.
En la primavera árabe de 2011, las paredes de El Cairo, Túnez y Bengasi se llenaron de símbolos: puños, estrellas, letras, caricaturas de dictadores. En Siria, los primeros grafitis —los que pintaron adolescentes en Daraa— fueron la chispa de la revolución. Escribieron «El pueblo quiere la caída del régimen». Los servicios de seguridad los torturaron. Y entonces más gente pintó más paredes. La señal se multiplicó. No se pudo detener porque no se podía estar en todas las paredes al mismo tiempo. Cada muro borrado generaba tres nuevos. La represión era combustible.
La distopía también conoce el poder del símbolo. En 『V for Vendetta』, la máscara de Guy Fawkes se convierte en emblema de la resistencia. En 『The Hunger Games』, el sinsajo es una señal que el Capitolio no puede controlar. En la realidad, el pañuelo blanco de las Madres de Plaza de Mayo, la V de la victoria en los movimientos estudiantiles chilenos, el puño negro del Black Power: todos son símbolos pintados o portados que dijeron lo que las voces no podían.
Mañana borran la señal. Pero ya la vieron. Y el que la vio no la olvidará. La señal en la pared es la semilla de la resistencia: pequeña, frágil, fácil de destruir, y sin embargo imposible de erradicar del todo. Porque cada vez que borran una, alguien decide pintar otra. Cada vez que limpian el muro, alguien espera la noche. Y en la oscuridad, con el spray temblando en la mano, esa persona sabe que está haciendo algo más que manchar una pared: está diciendo al mundo que todavía existe, que todavía resiste, que todavía hay gente dispuesta a dejar su marca aunque se la quieran borrar. La pared se limpia. La señal permanece.
En el Chile del estallido social de 2019, las calles amanecieron cubiertas de símbolos: los ojos pintados en las paredes en homenaje a quienes perdieron la vista por perdigones policiales, las consignas contra la violencia del Estado, los murales que convertían el daño en arte. Cada imagen era una señal que decía: estamos aquí, vemos lo que hacen, y no vamos a olvidar.
Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile