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Vigilancia

La IA ya está robando a la humanidad.

N.° 007 / 168
CATEGORÍA · VIG FECHA · 2026·09·13 AÑO · 2026 LECTURA · 4 MIN
Rolando Fryderup · 13 de septiembre de 2026 · 4 min de lectura

De lograr el descubrimiento de su vida a enfrentar el mayor error de su carrera.

Rolando Fryderup Krause

Escritor · Pucón, Chile

Dos jóvenes estaban a punto de hacer el descubrimiento de su vida. Su error fue compartir su investigación con ChatGPT.

Se quedaron encerrados durante un año. No en un laboratorio. En una sola idea, resolver uno de los siete problemas del milenio.

Tristan Buckmaster, profesor de matemáticas en la NYU, y Levent Alpöge, matemático en Anthropic, iban tras lo imposible: las ecuaciones de Navier-Stokes. Uno de los siete problemas del milenio: un millón de dólares. Doscientos años sin que nadie pueda demostrar cómo se mueve realmente el agua, el aire, un fluido cuando se convierte en caos.

Para llegar hacen lo que hoy hacemos todos. Usan Codex, la herramienta de OpenAI. Día tras día. Suben borradores, cálculos a medias, notas a las tres de la madrugada, callejones sin salida. Creen que es su cuaderno privado. Su taller.

La noche del 7 de septiembre, Buckmaster ya no aguanta más. Publica un comunicado en Mastodon: lo tenemos.

Doce horas después, OpenAI reúne a la prensa internacional. El 8 de septiembre de 2026 anuncian que resolvieron Navier-Stokes. No con un matemático. Con una plaga de 10.000 agentes de inteligencia artificial trabajando 88 horas seguidas.

Y entonces llega la pregunta que nadie quería hacer en voz alta. En la videoconferencia, el medio VentureBeat pregunta:

¿Accedieron a los datos privados de Codex de esos dos investigadores?

Mark Chen, jefe de investigación de OpenAI, se molesta un poco: "Ninguna persona ni ningún sistema de inteligencia artificial revisó datos de usuarios para resolver este problema. Estoy bastante decepcionado por las acusaciones de una enorme violación a la confianza del usuario. Nosotros no hicimos eso".

Horas más tarde publican la letra chica en X. La que importa: dicen que no vieron su trabajo hasta que fue público, pero que "no podemos descartar que datos desidentificados provenientes del uso de nuestros productos hayan ayudado a mejorar nuestros modelos".

Traducción humana: No te robamos el cuaderno. Pero no podemos descartar que tu cuaderno haya entrenado al ladrón.

Esto no es un error. Es el negocio.

Buckmaster ya lo había advertido la noche anterior en su declaración:

¿Y si el modelo se aprovechó de la investigación que hicimos usando Codex?

Durante un año subieron su vida a la nube. OpenAI reconoce que emplea datos desidentificados para perfeccionar sus modelos. Entonces dime,

¿Qué es robar en 2026?

Antes te robaban el libro. Ahora te roban el rastro. La manera en que dudas, en que corriges, en que llegas a una idea. Te roban el patrón de tu pensamiento. Y es legal.

¿Por qué le diste clic a "Acepto"?

Primero fue el arte. Lo viste venir cuando escribiste "El arte sin artista". Después fueron los libros, en "La nueva guerra del libro".

Ahora son las matemáticas puras. Mañana es tu trabajo, mi columna, tu agencia, tu librería de Pucón.

El monstruo no es la tecnología. El monstruo somos nosotros, regalando gratis la materia prima de toda la humanidad, nuestros borradores, nuestras obsesiones, nuestras noches en vela, a una empresa que después nos vende la solución y nos dice que gastó millones en fichas para resolver el problema que nosotros mismos le enseñamos a resolver.

Buckmaster y Alpöge no perdieron un premio de un millón de dólares.

Perdieron algo mucho más caro: la prueba de que un humano podía lograrlo solo.

Y nosotros perdimos la última ilusión que nos quedaba.

Creíamos que Codex era nuestra herramienta.

Resulta que nosotros éramos la herramienta de Codex.

#inteligencia artificial #OpenAI #Navier-Stokes #propiedad intelectual #datos