Territorio
La frontera digital
En 2023, Canadá introdujo un sistema de visado automatizado que utiliza inteligencia artificial para evaluar solicitudes.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
# La frontera digital
En 2023, Canadá introdujo un sistema de visado automatizado que utiliza inteligencia artificial para evaluar solicitudes. La Unión Europea está desarrollando una plataforma similar: Eurodac, el sistema de huellas dactilares de solicitantes de asilo, se está actualizando con componentes de reconocimiento facial y análisis predictivo. Estados Unidos ya usa algoritmos para determinar riesgos de visas. La frontera ya no es solo un puesto de control con un guardia que revisa tu pasaporte: es una línea de código que decide si puedes entrar o no, y esa línea de código no te mira a los ojos.
El problema es la discriminación algorítmica. Un estudio de la Universidad de Toronto demostró que los sistemas de reconocimiento facial tienen tasas de error significativamente más altas con rostros de personas racializadas. Si tu piel es oscura, el algoritmo tiene más probabilidades de no reconocerte, de marcarte como sospechoso, de rechazarte. La máquina no es neutral: fue entrenada con datos sesgados, diseñada por humanos con prejuicios, implementada en sistemas que ya discriminaban. La automatización no elimina el racismo: lo codifica, lo escala y lo hace más difícil de detectar.
Imagina que solicitas una visa para visitar a tu madre enferma. Tu solicitud pasa por un algoritmo que analiza tu país de origen, tu ingreso, tu historial de viajes, tu edad, tu género, tu nivel educativo. El algoritmo determina que tienes un perfil de riesgo migratorio alto. Tu solicitud es rechazada. No puedes apelar ante un humano porque el sistema no lo permite. No puedes saber por qué te rechazaron porque el algoritmo es propiedad de una empresa privada y su lógica es secreto comercial. Tu cara no coincide con el perfil. Tu destino lo decide una caja negra.
En la ciencia ficción, la frontera digital es un lugar común. En 『Gattaca』, tu código genético determina a dónde puedes ir. En 『Minority Report』, el sistema predice lo que harás antes de que lo hagas. En 『Black Mirror』, episodio «Nosedive», tu puntuación social determina si puedes subir a un avión. La ficción anticipó lo que la realidad está implementando con celeridad burocrática: la exclusión automatizada, el racismo algorítmico, la discriminación a escala industrial.
La frontera digital es la más silenciosa y la más peligrosa. No hay guardia al que suplicar, no hay oficial al que explicar tu caso, no hay mirada humana que pueda conmoverse. Hay una pantalla que dice «solicitud denegada» y un servidor que procesa la siguiente petición. Cuando la injusticia se automatiza, se vuelve invisible. Y cuando se vuelve invisible, se vuelve permanente. Necesitamos transparencia en los sistemas de decisión migratoria, derecho a apelación ante humanos, y la convicción de que ningún algoritmo debería tener poder sobre la libertad de movimiento de una persona. La frontera que decide una máquina no es más justa: es más fría.
Chile tampoco es inmune a esta tendencia. En 2021, el gobierno implementó un sistema de visado electrónico que automatizó parte del proceso migratorio. La tecnología prometía eficiencia, pero muchos migrantes fueron rechazados sin comprensión clara de los motivos. La pantalla dijo no, y no hubo con quien hablar. Cuando la burocracia se vuelve algoritmo, la apelación se vuelve imposible.
Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile