Poder
El periodista como enemigo del Estado
Francia, Alemania, Chile: leyes de 'desinformación' para encarcelar al que pregunta. Cuando preguntar se volvio delito, la respuesta se volvio obligatoria.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
# El periodista como enemigo del Estado
En agosto, Vito Quiles fue detenido en Espana. La ley que se le aplico no es nueva: es la Ley Organica de Regulacion de la Inteligencia Artificial, aprobada en 2024, que permite sanciones a quien difunda "contenidos falsos" generados o amplificados por sistemas automatizados. Vito Quiles no fue detenido por mentir. Fue detenido por preguntar en público, en directo, cosas que el gobierno no queria responder. La ley de IA resulto ser una ley contra la pregunta.
Esto que pasa en Espana no es una excepción. Francia aprobó en 2024 una ley que permite bloquear sitios web que difundan "información falsa" en periodos electorales. Alemania, en 2025, endurecio su NetzDG para que las plataformas borraran contenido "desinformativo" en menos de veinticuatro horas. Italia ya tenia una ley similar desde 2023. Reino Unido, con su Online Safety Act, faculta a Ofcom a multar a cualquier medio que publique "información danina". Y en Chile, dos proyectos de ley -uno del gobierno, otro del Senado- avanzan en el mismo sentido: penalizar la "desinformación" con multas y carcel.
Lo que une a todas estas leyes no es la preocupacion por la verdad. Es la preocupacion por quien la dice. La "desinformación" es, en todos los casos, definida por el gobierno de turno. La pregunta que cada una de estas leyes plantea no es "esto es verdadero o falso", sino "a quien le conviene que lo sea". Y el mecanismo es siempre el mismo: una autoridad administrativa -no un juez, no un jurado- decide que contenido es danino, y ordena su retiro o sanciona a quien lo difunde.
Cuando el criterio de verdad lo define el poder, preguntar se vuelve sospechoso. Cuando preguntar se vuelve sospechoso, responder se vuelve obligatorio. Cuando responder se vuelve obligatorio, la prensa deja de investigar y empieza a confirmar. Y cuando la prensa confirma en vez de investigar, el regimen ya no necesita mentir: le basta con que los medios oficialistas tampoco investiguen.
He cubierto esta dinamica antes, en otras columnas. El caso del periodista asesinado en Mexico, el caso de los reporteros de Gaza, el caso del fotografo que se exilio porque hizo una pregunta inconveniente. Pero lo que veo ahora es algo nuevo: no se necesita matar al periodista. Basta con sancionarlo. La tecnología permite silenciar sin violencia. La ley permite silenciar sin juicio. La plataforma permite silenciar sin recurso.
Vito Quiles, en su cuenta de X, escribio una frase que se va a quedar conmigo: "Cuando la ley te castiga por preguntar, el Estado te esta diciendo que ya no quiere dialogar, sino que sólo quiere monologo". Tiene veintitres años. Lo detuvieron por hacer su trabajo. Le impusieron una fianza que no podia pagar. La causa sigue abierta.
Lo que me preocupa no es Vito Quiles. Es el sistema que lo hace posible. Si el próximo periodista que pregunta es sancionado bajo la misma ley, ya no será noticia. Sera rutina. Y cuando la represión se vuelve rutina, la libertad de prensa deja de ser una institución jurídica y pasa a ser un recuerdo. Chile deberia recordar lo que aprendio después de 1973: cuando el Estado decide quien puede preguntar, lo que sigue no es democracia. Es simulacion.
Yo escribo desde el sur, en un país chico, en una lengua chica, sobre cosas que a pocos interesan. Pero esas cosas son las que importan. Si un día la ley de "desinformación" chilena me toca a mi, espero que haya otro que escriba. Y sí ese otro es sancionado, que haya otro. Y otro. La prensa no es una profesion: es una sucesion. Y la sucesion no se rompe por la ley. Se rompe por el silencio.