Sociedad
El hospital que te retiene
En abril de 2020, un hombre en Ecuador intentó salir del hospital donde había sido tratado por covid.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
# El hospital que te retiene
En abril de 2020, un hombre en Ecuador intentó salir del hospital donde había sido tratado por covid. Le habían dado de alta médica, pero las autoridades le impidieron salir: debía cumplir una cuarentena obligatoria en el recinto hospitalario, aunque ya no era contagioso y su hogar reunía las condiciones para el aislamiento. No fue un caso único: durante la pandemia, múltiples países implementaron retenciones hospitalarias obligatorias que convertían al paciente, voluntario o no, en recluso. ¿Cuándo un hospital deja de ser un lugar de curación y se convierte en un centro de detención?
La retención hospitalaria por razones sanitarias tiene una larga historia. Los lazaretos medievales confinaban a los enfermos de peste hasta que morían o curaban. Las colonias de leprosos aislaban a los infectados de por vida. Pero estos modelos pertenecen a épocas sin derechos humanos reconocidos, sin constituciones, sin marcos de protección individual. Que en el siglo XXI un Estado pueda retener a una persona en un centro médico contra su voluntad, sin orden judicial y sin mecanismo de apelación, debería preocuparnos profundamente.
La militarización de la salud durante la pandemia fue un fenómeno global. En Filipinas, hospitales fueron rodeados por militares para impedir que los pacientes salieran. En India, las autoridades sellaron instalaciones médicas con los pacientes dentro. En algunos países africanos, los centros de tratamiento de ébola operaban como prisiones donde los pacientes no tenían comunicación con el exterior. La frontera entre protección y reclusión se difuminó hasta desaparecer, y la salud pública sirvió de justificación para prácticas que, en otras circunstancias, llamaríamos secuestro.
Como escritor de distopías, pienso en las instituciones totales descritas por Erving Goffman: hospitales psiquiátricos, prisiones, cuarteles, lugares donde el individuo es despojado de su autonomía y sometido a una rutina impuesta. El hospital que te retiene es una institución total disfrazada de cuidado. Y lo más inquietante es que la mayoría de los retenidos no se resistían: la legitimidad médica del encierro hacía que la protesta pareciera irresponsable, egoísta, peligrosa. Cuando el encierro se viste de salud, la libertad se viste de culpa.
La clave está en los mecanismos de control. Un paciente retenido sin orden judicial, sin abogado, sin comunicación con su familia y sin fecha de liberación no es un paciente: es un detenido. Y un detenido sin garantías procesales, en cualquier sistema que se llame democrático, es una violación de los derechos fundamentales. La salud pública puede justificar restricciones, pero no puede justificar la suspensión de los derechos. Nunca. Bajo ninguna circunstancia.
Desde Pucón, donde los hospitales son todavía lugares donde se entra para sanar y se sale cuando se sana, escribo para defender la frontera entre la medicina y la coerción. El hospital que te retiene contra tu voluntad no es un hospital: es una prisión con bata blanca. Y si no distinguimos entre ambas cosas, si aceptamos que la salud pública puede suspender la libertad individual sin límites ni garantías, entonces no hemos aprendido nada de la historia. La primera cosa que un régimen totalitario hace es convencerte de que tus cadenas son por tu bien.
Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile