← Volver a columnas

Política

El hashtag que compró un régimen

Rolando Fryderup · 17 de abril de 2026 · 3 min de lectura

Tendencias compradas, opiniones fabricadas, movilizaciones ficticias. ¿Cuántas veces caíste en la trampa de un trending topic que no era espontáneo sino financiado?

Rolando Fryderup Krause

Escritor · Pucón, Chile

# El hashtag que compró un régimen

Tendencias compradas, opiniones fabricadas, movilizaciones ficticias. ¿Cuántas veces caíste en la trampa de un trending topic que no era espontáneo sino financiado? La compra de tendencias en redes sociales es una práctica extendida y apenas regulada. Gobiernos, corporaciones y grupos de interés pagan por convertir un hashtag en tendencia para que aparezca en la pantalla de millones de usuarios como si fuera la conversación natural de la sociedad. No lo es: es un producto adquirido, una narrativa insertada a la fuerza en el debate público.

El caso más documentado es el de Arabia Saudita, que según investigaciones de The New York Times y de la Universidad de Oxford, ha gastado millones de dólares en comprar tendencias en Twitter para lavar su imagen internacional, especialmente tras el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Pero no es el único. China compra tendencias para promover narrativas sobre Xinjiang y Hong Kong. Rusia ha utilizado redes de bots para impulsar hashtags que favorezcan sus posiciones en Ucrania. En América Latina, gobiernos de distintos signos han sido acusados de manipular tendencias para crear la ilusión de apoyo popular.

La mecánica es simple y devastadora. Se contratan agencias especializadas que disponen de redes de cuentas falsas, bots y micro-influenciadores. En un momento determinado, todas estas cuentas publican el mismo hashtag, lo retuitean, lo comentan. El algoritmo de la plataforma detecta la actividad masiva y convierte el hashtag en tendencia. Entonces los usuarios reales lo ven, creen que es un tema de interés genuino y comienzan a participar. La tendencia comprada se vuelve orgánica. La mentira se alimenta de la verdad. Y el régimen que compró el hashtag sonríe: su narrativa es ahora tu conversación.

Lo más insidioso es que no podemos distinguir una tendencia orgánica de una comprada. La interfaz de las plataformas no indica qué tendencias son patrocinadas ni qué cuentas forman parte de una operación coordinada. Twitter, ahora X, bajo la propiedad de Elon Musk, ha reducido aún más la transparencia sobre cómo se determinan las tendencias. Para el usuario promedio, un trending topic es un trending topic: aparece en la misma pantalla, con el mismo formato, sin distinción entre lo espontáneo y lo fabricado. Es como si un periódico publicara publicidad disfrazada de noticia sin la etiqueta correspondiente.

La democracia presupone un debate público auténtico. Si las tendencias son compradas, el debate es una mercancía. Si las opiniones son fabricadas, el consenso es una ficción. Y si no podemos distinguir lo genuino de lo artificial, la plaza pública se convierte en un escenario donde los actores son pagados y el público cree que asiste a un debate espontáneo.

El hashtag que compró un régimen no es solo un engaño: es la privatización de la conversación democrática. Y cada vez que interactuamos con una tendencia sin preguntarnos quién la financia, somos cómplices involuntarios de la farsa. La solución no es abandonar las redes sociales: es exigirles transparencia, regular la compra de influencia como se regula la publicidad política y desarrollar la costumbre saludable de desconfiar de lo que parece demasiado consensuado. La espontaneidad no se compra, y cuando se compra, deja de ser espontánea. Saberlo es el primer antídoto contra la manipulación.

Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile

#desinformacion #medios #verdad