Sociedad
El barrio sellado
En enero de 2021, las autoridades de Shijiazhuang, una ciudad de once millones de personas en China, sellaron barrios enteros con vallas metálicas y puestos de control militares.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
# El barrio sellado
En enero de 2021, las autoridades de Shijiazhuang, una ciudad de once millones de personas en China, sellaron barrios enteros con vallas metálicas y puestos de control militares. Nadie podía entrar ni salir. Los residentes recibían comida a través de entregas estatales, pero las raciones eran insuficientes y la atención médica para enfermedades no covid prácticamente desapareció. No fue un caso aislado: durante la política de «cero covid», China selló cientos de barrios, ciudades y provincias, afectando a cientos de millones de personas.
El sellado de barrios no fue exclusivo de China. En Perú, durante la primera ola de la pandemia, el gobierno impuso cuarentenas estrictas con militares en las calles y restricciones de movimiento por género: hombres salían ciertos días, mujeres los demás. En Filipinas, el presidente Duterte ordenó que los violadores del confinamiento fueran arrestados, y en algunos barrios de Manila, los residentes fueron confinados en sus viviendas con bloqueos físicos en las puertas. La militarización de la salud pública fue global, y en cada caso, los más afectados fueron los más pobres.
El sellado de un barrio es una medida que transforma un espacio de vida en un espacio de encierro. No es una cuarentena voluntaria: es una reclusión impuesta. Y la diferencia es fundamental. En una cuarentena voluntaria, el individuo decide protegerse y proteger a otros. En un barrio sellado, el Estado decide que el colectivo es prescindible. Los habitantes de Shijiazhuang no fueron protegidos: fueron contenidos. Y la contención, cuando se aplica a personas y no a virus, tiene otro nombre: prisión.
Como escritor de distopías, pienso en los guetos de la historia y la ficción. Los guetos de Varsovia, los campos de internamiento norteamericanos para ciudadanos japoneses, las zonas de exclusión de tantas novelas. El barrio sellado es la versión sanitaria del gueto: un espacio donde se confina a un grupo de personas no por lo que han hecho sino por lo que podrían tener. Y la justificación siempre es la misma: protección. Los judíos fueron «reubicados para su protección» en 1940. Los barrios fueron sellados «para proteger la salud» en 2021. El lenguaje de la protección puede ser el lenguaje de la opresión.
Lo que más me perturba es la normalización. Cuando las imágenes de barrios sellados circularon por el mundo, gran parte de la reacción fue de comprensión: «Es por la salud», «Es temporal», «Si salva vidas». Y es posible que salvara vidas. Pero cada medida extrema que aceptamos sin condiciones establece un precedente. Mañana, el barrio se puede sellar por una epidemia de gripe, por una «emergencia de seguridad», por una razón que todavía no podemos imaginar. La infraestructura del sellado existe. La aceptación social también. Solo falta la justificación.
Desde Pucón, donde los barrios son todavía espacios de comunidad y no de contención, escribo para defender el derecho a la movilidad incluso en las peores circunstancias. La salud pública puede exigir restricciones, pero esas restricciones debieran ser proporcionales, temporales, supervisadas y reversibles. Un barrio sellado sin fecha de apertura, sin mecanismo de apelación y sin atención a las necesidades básicas de sus habitantes no es salud pública: es abandono disfrazado de política sanitaria. Y si no lo decimos ahora, mañana el barrio sellado puede ser el nuestro.
Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile