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Política

Realidad paralela

Rolando Fryderup · 2 de noviembre de 2026 · 3 min de lectura

Dos personas, dos verdades, un mismo hecho. No es una paradoja filosófica: es la condición cotidiana de millones de ciudadanos que habitan ecosistemas informativos completamente separados.

Rolando Fryderup Krause

Escritor · Pucón, Chile

# Realidad paralela

Dos personas, dos verdades, un mismo hecho. No es una paradoja filosófica: es la condición cotidiana de millones de ciudadanos que habitan ecosistemas informativos completamente separados. Tú y tu vecino pueden vivir en la misma calle, pero si uno consume medios conservadores y el otro medios progresistas, si uno sigue cuentas de derecha en Twitter y el otro de izquierda, si uno ve Fox News y el otro MSNBC, entonces viven en países distintos. No es que interpreten la realidad de forma diferente: es que perciben realidades diferentes. Los hechos no son los mismos.

La polarización mediática ha creado universos paralelos de información. Un estudio del Pew Research Center demostró que en Estados Unidos, los votantes conservadores y liberales apenas comparten un diez por ciento de las fuentes informativas. Lo que para un sector es una insurrección, para el otro es una protesta legítima. Lo que para unos es una crisis migratoria, para otros es una emergencia humanitaria. No difieren en la interpretación: difieren en los datos mismos. Cada ecosistema selecciona, enfatiza y omite hechos distintos, construyendo realidades paralelas que se excluyen mutuamente.

En América Latina, el fenómeno es igualmente pronunciado. En Chile, la cobertura del estallido social de 2019 fue diametralmente opuesta según el medio: para unos era una revolución popular, para otros un vandalismo organizado. En Brasil, la narrativa sobre el asalto al Congreso en enero de 2023 se divide entre quienes lo ven como un golpe de estado fallido y quienes lo consideran una protesta legítima. En Argentina, la misma política económica es un ajuste salvaje para un lado y un saneamiento necesario para el otro. No hay hechos compartidos, no hay base común de diálogo.

La consecuencia más grave de las realidades paralelas es la imposibilidad del debate democrático. La democracia requiere un mínimo de acuerdo sobre los hechos: podemos discrepar sobre las soluciones, pero necesitamos coincidir en el problema. Si ni siquiera estamos de acuerdo en lo que ocurre, el debate se convierte en un diálogo de sordos donde cada lado grita verdades que el otro no reconoce. La política se reduce a tribalismo: no razonamos juntos, nos atrincheramos en nuestras narrativas. Y la distancia entre las trincheras crece con cada noticia que consumimos.

La distopía no es que vivamos en realidades diferentes: es que hayamos perdido la capacidad de reconocerlo. Cuando cada ecosistema informativo te confirma que tú tienes la razón y el otro miente, la autocrítica desaparece. Y sin autocrítica, no hay corrección. Solo hay certeza, la misma certeza que alimenta los fanatismos de todas las épocas.

Salir de la realidad paralela exige un esfuerzo deliberado: leer lo que nos incomoda, escuchar a quienes pensamos que se equivocan, aceptar que nuestra verdad puede ser incompleta. No es fácil. Pero la alternativa es seguir viviendo en un mundo que solo existe porque así lo decidieron los algoritmos. Un mundo donde la izquierda y la derecha no solo discrepan: habitan planetas distintos que orbitan alrededor de soles mediáticos diferentes, sin gravedad compartida que los una. La única gravedad que nos queda es la de los hechos, pero los hechos, para ser compartidos, necesitan ser visibles para todos. Y eso, hoy, es cada vez más raro.

Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile

#desinformacion #medios #verdad