Territorio
La ciudad que se hundió
Yakarta se hunde veinticinco centímetros al año. Un tercio de la ciudad podría estar bajo el agua para 2050.
Rolando Fryderup Krause
Escritor · Pucón, Chile
# La ciudad que se hundió
Yakarta se hunde veinticinco centímetros al año. Un tercio de la ciudad podría estar bajo el agua para 2050. El gobierno indonesio está construyendo una nueva capital en Borneo, pero la pregunta sigue ahí, pesada como el agua que sube: ¿qué pasa con los diez millones de personas que viven en la que se hunde? ¿Se mudan? ¿Se quedan? ¿A dónde van cuando el suelo que pisan desaparece bajo sus pies? La reubicación de una capital es un acto de rendición disfrazado de progreso, y sus costos humanos son incalculables.
Yakarta no es un caso aislado. Bangkok se hunde dos centímetros al año. Ciudad de México, hasta veinte centímetros anuales en algunas zonas. Venecia, Miami, Dhaka: la lista de ciudades amenazadas por la combinación de hundimiento del suelo y aumento del nivel del mar crece cada año. No se trata de si ocurrirá, sino de cuándo y cuán devastador será. Y la respuesta, cada vez más, es que será más pronto y más devastador de lo que pensábamos.
El hundimiento de Yakarta tiene causas directas: la extracción masiva de agua subterránea para abastecer a una población que crece sin control, el peso de los edificios sobre suelos blandos, la destrucción de los manglares que protegían la costa. Pero la causa profunda es la misma que afecta a todas las ciudades amenazadas: un modelo de desarrollo que ignora los límites ecológicos. Se construye donde no se debería, se extrae lo que no se debería, se contamina lo que no se debería. Y cuando las consecuencias llegan, se declaran desastre natural, como si la naturaleza fuera la culpable de decisiones humanas.
La reubicación de una capital es un acto de rendición disfrazado de progreso. Al mudarse a Borneo, el gobierno indonesio reconoce implícitamente que Yakarta no tiene salvación. Pero la nueva capital, Nusantara, trae sus propios problemas: deforestación de bosques tropicales, desplazamiento de comunidades indígenas, impacto ecológico en una isla que ya sufre presión ambiental. Cambiar un problema por otro no es una solución; es una prórroga. Y las prórrogas, en materia ecológica, se cobran con intereses.
Los refugiados climáticos son la próxima gran migración masiva, y sin embargo el mundo actúa como si el agua que sube no fuera su problema. Como escritor desde Chile, un país que ya ha recibido olas migratorias, pienso en lo que sucederá cuando no sean miles sino millones los que huyan de ciudades sumergidas. En "El crudo invierno del 91", los desplazados por el colapso ambiental no encuentran fronteras abiertas sino muros más altos. La ironía es brutal: los países que más emitieron serán los últimos en recibir a quienes más sufren. La ciudad que se hunde hoy será la crisis de todos mañana.
Como escritor, me fascina la imagen de la ciudad que se hunde porque es la metáfora perfecta de nuestra civilización: construimos sobre suelo que cede, celebramos mientras el agua sube y nos sorprendemos cuando las olas nos alcanzan. La ciudad que se hundió no es una tragedia natural: es el resultado de décadas de decisiones que priorizaron el crecimiento sobre la supervivencia. Y mientras Yakarta se hunde, el resto del mundo construye más rascacielos en zonas inundables, como si el agua no nos viera. Pero el agua siempre ve. Y siempre llega.
Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile