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Poder

El ejército en tu calle

Rolando Fryderup · 6 de octubre de 2026 · 3 min de lectura

Soldados patrullando ciudades. No es guerra.

Rolando Fryderup Krause

Escritor · Pucón, Chile

# El ejército en tu calle

Soldados patrullando ciudades. No es guerra. No hay enemigo extranjero. No hay conflicto armado. Es tu ciudad, tu barrio, tu cuadra, y hay militares con armas largas caminando por la acera como si fuera lo más normal del mundo. En Ecuador, el presidente Daniel Noboa decretó en 2024 un estado de excepción que desplegó a las Fuerzas Armadas en las calles de todo el país para combatir a las bandas criminales. En México, las calles de ciudades como Tijuana, Ciudad Juárez y Acapulco llevan años militarizadas. En Chile, los vimos en 2019, durante el estallido social, y nuevamente en 2024 en comunas de la Araucanía.

La militarización de las calles se justifica siempre con la emergencia: el narcotráfico, el crimen organizado, el terrorismo, el desorden público. Y las emergencias son reales: la violencia en Ecuador y México es devastadora, y los ciudadanos merecen seguridad. Pero la historia nos enseña que el ejército en la calle es como el fuego: útil para la emergencia, destructivo como estado permanente. Los militares están entrenados para enfrentar enemigos, no para proteger ciudadanos. Su lógica es la de la guerra, no la del derecho. Y cuando la lógica de la guerra se instala en la vida cotidiana, los derechos son las primeras bajas.

Ecuador es el caso más reciente y más elocuente. Antes de 2019, era uno de los países menos violentos de América Latina. Hoy, su tasa de homicidios supera las cuarenta por cada cien mil habitantes, y las cárceles se han convertido en escenarios de masacres. La respuesta del gobierno fue declarar un conflicto armado interno, una figura jurídica que permite el uso de fuerza militar sin las garantías del derecho común. El resultado: miles de detenciones, denuncias de abusos, y una población que oscila entre el alivio y el terror.

Desde Pucón, a pocos kilómetros de las comunidades mapuche donde el estado de excepción es casi permanente, veo la militarización de cerca. Las radios locales reportan allanamientos, niños que no pueden ir al colegio porque hay militares en el camino, familias que viven con la incertidumbre de un operativo nocturno. Y me pregunto: ¿hace cuánto que la Araucanía está en estado de excepción? ¿Alguien se acuerda de cuándo no había militares en esas calles? La emergencia se ha convertido en normalidad, y la normalidad militarizada es la definición misma de la distopía.

El estado de excepción es, como escribió Giorgio Agamben, el paradigma de gobierno contemporáneo. No la excepción, sino la regla. Un mecanismo que se activa ante la crisis y nunca se desactiva del todo, porque la crisis siempre encuentra una nueva forma. Soldados en tu calle hoy por el narcotráfico, mañana por la protesta, pasado por la pandemia. Cada vez con una justificación razonable. Cada vez con un poco más de normalidad.

Hasta que un día miras por la ventana y el soldado ya no es noticia: es paisaje. Y cuando el paisaje militarizado se normaliza, la pregunta ya no es si los militares debieran estar en las calles, sino cómo vivíamos antes de que estuvieran. Esa es la amnesia colectiva que todo autoritarismo necesita: olvidar que hubo un tiempo donde los derechos se ejercían sin uniformes que los vigilaran. Recordarlo es un acto de resistencia. Escribirlo, también.

Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile

#autoritarismo #poder #democracia