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Tecnología

El derecho a ser olvidado

Rolando Fryderup · 8 de diciembre de 2026 · 3 min de lectura

A los dieciocho años, cometiste un error. Una pelea, un robo menor, una foto comprometedora, un comentario estúpido en redes sociales.

Rolando Fryderup Krause

Escritor · Pucón, Chile

# El derecho a ser olvidado

A los dieciocho años, cometiste un error. Una pelea, un robo menor, una foto comprometedora, un comentario estúpido en redes sociales. Pasaste tu juventud, te formaste, trabajaste, cambiaste. Pero la IA no olvida. Cuando un empleador busca tu nombre, el error aparece en los primeros resultados. Cuando el algoritmo de crédito evalúa tu perfil, tu pasado pesa tanto como tu presente. En la era de la memoria permanente, ya no hay segunda oportunidad. Tu error a los dieciocho te persigue para siempre. ¿Eso es justicia?

El derecho al olvido, reconocido por la Corte de Justicia de la Unión Europea en 2014, permite a los ciudadanos solicitar que ciertos datos personales sean eliminados de los resultados de búsqueda. Pero el derecho es limitado, su implementación es desigual, y fuera de Europa prácticamente no existe. En Estados Unidos, la Primera Enmienda protege la libertad de información por encima del derecho al olvido. En América Latina, la legislación es incipiente y fragmentada. Mientras tanto, la IA recopila, almacena y cruza datos con una capacidad que crece exponencialmente.

Lo que la memoria digital elimina es la posibilidad de la redención. Las sociedades siempre reconocieron que las personas cambian y que el pasado no debiera condenar el presente. Los registros penales se sellaban, las deudas prescribían, los errores se desvanecían con el tiempo. Pero la IA rompe ese pacto. En un mundo donde todo queda registrado, donde cada acción deja un rastro digital permanente, la sociedad pierde la capacidad de perdonar. Y una sociedad que no perdona es una sociedad que condena a sus ciudadanos a ser para siempre lo que fueron.

El problema se agrava con los sistemas de puntuación social. En China, el sistema de crédito social recopila datos financieros, legales y de comportamiento para asignar una puntuación que determina si puedes viajar en tren, obtener un préstamo o acceder a ciertos servicios. Un error puede costarte años de restricciones. Pero incluso sin un sistema formal, Occidente ya tiene su propio crédito social informal: los algoritmos de empleo, crédito y seguros que deciden tu futuro basándose en un pasado que no puedes borrar.

Como escritor de distopías, pienso en la memoria total que Orwell imaginó en 1984, donde el Partido reescribía el pasado a su conveniencia. Pero nuestra distopía es peor: no es el Estado quien reescribe, es el algoritmo quien conserva todo, sin contexto, sin matices, sin caducidad. Orwell temía que borraran lo que debíamos recordar. Yo temo que conserven lo que debiéramos poder olvidar. La memoria sin caducidad no es justicia: es una condena perpetua sin juicio.

Desde Pucón, donde los lagos guardan silencio y los bosques crecen sobre lo que fue, escribo para defender el derecho a empezar de nuevo. El olvido no es amnesia: es gracia. Es la posibilidad de que tu pasado no defina tu futuro, de que el error no sea sentencia, de que la persona que eres hoy pueda despedirse de la que fuiste ayer. Sin ese derecho, todos somos prisioneros de nuestra versión más joven, más torpe, más equivocada. Y una sociedad que no permite el olvido es una sociedad que no permite el crecimiento.

Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile

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