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Sociedad

El certificado de salud

Rolando Fryderup · 29 de diciembre de 2026 · 3 min de lectura

Sin tu certificado, no puedes viajar en tren, no puedes entrar a un hospital como visitante, no puedes renovar tu licencia de conducir, no puedes inscribir a tu hijo en la escuela.

Rolando Fryderup Krause

Escritor · Pucón, Chile

# El certificado de salud

Sin tu certificado, no puedes viajar en tren, no puedes entrar a un hospital como visitante, no puedes renovar tu licencia de conducir, no puedes inscribir a tu hijo en la escuela. En China, el sistema de código de salud determinaba tu movilidad en tiempo real: verde significaba libertad, amarillo significaba restricción, rojo significaba cuarentena obligatoria. El certificado no era un documento: era un destino. Y no lo decidía un médico: lo decidía un algoritmo que cruzaba tus datos de localización, tus resultados de tests y tu historial de contactos.

El sistema chino de código de salud fue presentado como una innovación tecnológica para combatir la pandemia. Y en muchos sentidos, funcionó: permitió rastrear y contener brotes con una velocidad que otros países no lograron. Pero el costo fue la creación de un sistema de clasificación ciudadana basado en la salud. Cuando tu capacidad de moverte, trabajar y vivir depende de un código de colores, la ciudadanía se transforma en un privilegio condicional. Y el condicionante no es tu conducta cívica: es tu estado biomédico.

Lo que debería alarmarnos es la facilidad con que los certificados de salud pueden convertirse en herramientas de exclusión social. En India, el sistema Aarogya Setu era obligatorio para viajar en transporte público y acceder a lugares de trabajo. Pero la penetración de smartphones en la población rural india era inferior al cuarenta por ciento: millones de personas quedaron excluidas no por su salud sino por su falta de tecnología. El certificado digital, que prometía inclusión sanitaria, producía exclusión tecnológica. Los pobres no tenían covid; tenían la desgracia de no tener celular.

Como escritor de distopías, pienso en las sociedades donde el acceso a la vida cotidiana depende de un documento. La tarjeta de identidad de la Alemania nazi, el passbook del apartheid sudafricano, los permisos de residencia de la Unión Soviética. El certificado de salud es la versión biomédica de esos documentos: no te clasifica por raza o por lealtad política, te clasifica por salud. Pero el efecto es idéntico: divide a la humanidad entre los que tienen acceso y los que no, entre los que son completos y los que son insuficientes.

La pregunta que debiéramos hacernos es si queremos vivir en un mundo donde la salud es un requisito para la ciudadanía plena. No la salud como derecho, que todos debiéramos defender, sino la salud como condición, que es algo muy diferente. Un derecho te faculta; una condición te limita. El certificado de salud, cuando se convierte en llave maestra de la vida social, no protege la salud: la convierte en moneda de cambio. Y los que no tienen suficiente moneda, quedan fuera.

Desde Pucón, donde los certificados todavía son papeles que se guardan en un cajón y no códigos que determinan tu destino, escribo para advertir que la exclusión sanitaria es la nueva frontera de la desigualdad. Si no garantizamos que los certificados de salud sean voluntarios, temporales y no discriminatorios, estaremos construyendo un mundo donde estar enfermo no solo es una condición médica: es una sentencia social. Y en ese mundo, todos estamos a un diagnóstico de la exclusión.

Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile

#pandemia #salud #control