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Sociedad

El búnker de los ricos

Rolando Fryderup · 22 de enero de 2027 · 3 min de lectura

Douglas Rushkoff, teórico de medios, cuenta que fue invitado a una reunión con cinco millonarios en un resort de exclusividad extrema.

Rolando Fryderup Krause

Escritor · Pucón, Chile

# El búnker de los ricos

Douglas Rushkoff, teórico de medios, cuenta que fue invitado a una reunión con cinco millonarios en un resort de exclusividad extrema. La pregunta que le hicieron no era sobre inversiones ni tendencias tecnológicas. Era: «¿Cuándo se acabe todo, la zona de exclusión —la que nos mantiene a salvo de los demás— será Alpine o Serenbe? ¿O necesito construir la mía?» No estaban bromeando. Estaban planificando. El fin del mundo, para ellos, es un problema de logística inmobiliaria. Y la pregunta de fondo, la que ninguno formuló pero todos compartían, era: ¿cómo mantengo a raya a los que se queden afuera?

El mercado de búnkers de lujo está en auge. Empresas como Vivos y Oppidum construyen refugios subterráneos con piscinas, cines, bodegas de vino y sistemas de aire filtrado que prometen sobrevivir a una explosión nuclear. En Nueva Zelanda, tantos inversores extranjeros han comprado terrenos para búnkers que el Gobierno tuvo que reformar la ley de compraventa a extranjeros. Mark Zuckerberg tiene mil cuatrocientas hectáreas en Kauai, Hawái, con un búnker supuestamente autosuficiente con su propio suministro de energía y agua. Peter Thiel obtuvo ciudadanía neozelandesa en doce días —un trámite que a un refugiado le toma años— y compró una finca con un refugio de emergencia. El pasaporte de primera clase tiene otra categoría: la de la supervivencia garantizada.

La pregunta inquietante no es si pueden hacerlo. Es: ¿qué saben que nosotros no? ¿Por qué las personas con mejor acceso a la información, a la ciencia, a las predicciones climáticas más sofisticadas, están construyendo búnkers como si el reloj estuviera corriendo? Un estudio de la firma de seguridad Global Guardian reveló que el sesenta y ocho por ciento de los multimillonarios tienen un plan de evacuación. No es paranoia: es lectura de datos. Los datos dicen que el planeta se calienta, que las desigualdades se profundizan y que los sistemas sociales están a un estrés de colapsar.

La ficción distópica siempre supo que los ricos tendrían su bote salvavidas. En «2012», las arcas son para los que pagan mil millones de euros por entrada. En «Elysium», los privilegiados orbitan lejos del desastre. En «Snowpiercer», los de primera clase comen sushi mientras los de atrás comen insectos. Pero lo que la ficción no mostraba es la banalidad del proceso: los búnkers no se construyen en secreto. Se venden con folletos de marketing, se publicitan en revistas de lujo, se muestran en reportajes de televisión como si fueran la segunda residencia de moda. La barbarie se vende con catálogo.

El búnker de los ricos es la confesión más honesta del sistema: saben que es insostenible. Saben que la desigualdad, el colapso climático y la crisis social convergen en un punto de quiebre. Y su respuesta no es cambiar el sistema. Su respuesta es construir una puerta y cerrarla desde dentro. Mientras nosotros miramos la tormenta que viene, ellos ya tienen su refugio. La pregunta es: ¿vamos a esperar a que cierren la puerta, o vamos a exigir que no haya puertas que cerrar?

Rolando Fryderup Krause · Escritor · Pucón, Chile

#desigualdad #clase #sociedad